viernes, 23 de junio de 2017

Crisálida

He visto los lirios caer, he visto los lirios caer! Como nueces en otoño, como copos de nieve que hierven de frío en un delirio a la delicadeza. Prosa, poesía, prosa, palabras pequeñas, grandes, grandilocuentes, grandiosas, pequeñas, timidas, palabras del color pálido de la rosa.

Hemos de escribir cosas locas y leer en el cine comiendo roscas, saladas en pantallas destelladas de futuro excéntico, difuso, perverso. Cines de lectura en el que nos coman las horas verso a verso, beso a beso, como el amor de los plebeyos que nunca conocieron la historias, secretos, bellos.

Mi color, mi color, es una bestia, una bella y una flor. El bien, el mal y el relativismo del tamaño de los abismos según el día del año y si era en un futuro, en un presente o antaño. Una imaginación locura corazón, o una perdida de la cordura del saber de los detalles, el practisismo.

Evoco rojas lunas y pálidos soles en la era de los caracoles que vencieron a las tortugas que vencieron a las liebres que presumían de los más rápidos pies y de la mínima sabiduría, de la mayor tontería.

Evoco lunas rojas y pálidos soles y en la literatura se pierden los seres, cerebros, corazones. Que habitan en la diosa Ceres. Es una mentira, literatura, prosa, pero necesitamos la mentira para descubrir la verdad en potingues de palabras desterradas por algún escrito posterior.

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