lunes, 31 de marzo de 2014

Entre el sabio y el intelectual, la diferencia esta en querer saber el algo o el todo.

La sublime aurora boreal, la belleza siempre la vi en las cosas rotas. En una cicatriz, en una lluvia insumisa por la que pasea sumiso el insumiso encerrado por las gotas. En las heridas mas profundas esta la causa rotunda de nosotros mismos. La identidad marcada por la sangre, el dolor, los sueños y la esperanza.

Ser consciente de que hay de todo en este universo, un futuro y un pasado, un segundo en un presente, millones de presentes para dar, millones de balas para recibir. Tantas razones para vivir como razones por las que morir o por las que morirse, tantas ideas sin acabar, planos de un hogar, viajes hacia el infinito para escapar de el y de ti. Historias sin final y otras quemadas, agotadas. Poemas crudos, poemas idílicos, versos catastroficamente dolorosos, y otros inquietantemente reconfortantes. Los universos en los ojos, el vacío de la muerte. La soberbia arrogancia y el preciado orgullo, los estúpidos y los intelectuales, los enamorados y las apáticos sentimentales. Los millones de caudales de emociones que corren por nuestras venas, que a veces revientan como revientan las cosas. destruyéndolo todo. La ambición bella y la perversa que se vienen a juntar en una extraña y difusa linea en la que luchar deja de ser necesario y constructivo para que te acabe consumiendo. La sabiduría madura contra la estupidez ingenua, la suerte contra la desgracia. Lo original, lo nuevo contra lo tradicional, lo viejo, ambos rotos por la misma vestidura. La pasión contra la obsesión. El fuego controlado de lo incontrolado.

Versa verso a verso, decía perverso el verso. Versar es vivir, entre elemento elementales, entre complexiones gramaticales intrascendentes para unos, para otros tan trascendentales. Entre historias y leyes, entre discursos y reyes, entre ordenadores y fuelles, entre coches y piernas, entre aeropuertos eternos y aviones, breves. Entre barcos y submarinos, entre profundidades abisales y el aire. Entre criaturas extrañas con el dolor de las entrañas que provoca su dolor injustificado.

Concretando y abstrayendo, lo que quiero decir y no digo es que todo es tan complicado, como nosotros mismos, fuente de los precipicios a los que todos los caminos nos conducen. Porque son nuestros ojos los que nos reproducen, el universo mientras haya movimiento estará en constante reproducción, reproduciéndose como una película con color o sin el, según el caso. Mis ojos vieron cosas rotas, tan preciosas, y echaron tanto de menos, como echa de menos su hogar el viajero.

sábado, 22 de marzo de 2014

A escondidas de la luz.

El sueño vago y difuso de un amanecer inquieto y un atardecer eterno, como las hojas de la tarde entre los algodones de otro sueño junto a ti, en el infierno.

Es el fuego, una llama rebelde y difusa que hace grande y terrible con el viento. Es el fuego tu mirada en mi boca, el tiempo, los recuerdos la cuerda de mi yo guitarra que cuando tocas, se tensa.

Se lo que quiso, quiso un amigo, confidente un acompañante necesariamente demente y lo perdería en un beso. Todo lo bueno se pierde y se ganara con los besos, los terribles demonios del fuego y el infierno se gestan altivos y arrogantes, apáticos, alterables o inalterables alternativamente. Y en las mentes de los músicos, que no son sino poetas con melodía, las conversaciones se tiñen recuerdos y se desvanecen las noches y los días.

De los teatros aprendí, que el amor aunque actúe se esconde detrás del telón. En una oscuridad tan perversa que a diferencia de estas palabras no versa sobre como se alimenta. Y en la luz, solo hay espejos huecos, un vacío inmenso, sin profundidad y con ese destetable olor a incienso, como una religión que predican las almas que dicen no estar rotas, predicando amor aman los idiotas, y haciéndolo como putas proscritas, los déspotas.

miércoles, 12 de marzo de 2014

De mi yo furioso e idignado. De basile y anne, el y la enamorados.

No se puede vivir una vida entre viejos fantasmas le dijo Basile suspirando, destensando sus rasgos faciales, asincerándose.

Basile, no se por donde vas, nunca lo he sabido. Dejate de incongruencias.

Miro al vaso casi vacío, siempre quedaba algo de agua en el fondo, era incapaz de bebersela entera. Eso penso en el primer segundo... y el silencio duro otros 3 el eterno proceso que su cerebro necesitaba para aclararse, la maquina que se pone en marcha que procesa ideas y emociones, las limpia, conecta con la boca, censura lo que cree deber y deja lo que quiere y de la forma que quiere.

...  Los viejos fantasmas te atan y como todo lo viejo son incapaces de darte nada nuevo. Vivir entre viejos fantasmas es aceptar ser emocionalmente moderado, es aceptar que el dolor no muerda por las noches. Que la relación donde hubo fuego agache la cabeza, chupe el suelo y acepte que no hay ninguna solución mas que el dejarlas moribundas en un camino hacia la tumba. Vivir entre fantasmas es renegar de los vivos, del futuro, es albergar patéticas esperanzas y rechazar opciones. Es preferir estar solo y con los fantasmas y regalarles algo que no se merecen, la propia soledad, lo único que tiene la gente. Es normal y tremendamente comodo, todo el mundo quiere tener un viejo y trascendental fantasma con el que alimentar su vanidad, esa patética necesidad de desgracias alguien al que echar de menos todas las noches y por el que no tener que salir a investigar. Parece tan fría la ventana, lo que hay fuera y los recuerdos y las posibilidades se adueñan de tu calida habitación, te adormecen, te hieren. Es el masoquismo humano.

¿Basile eres masoquista? y la sonrisa se dibujo en su rostro

No.

Ahora no hay porques Basile, ¿que te indigna?

Tus faltas de respeto, tu patética picardía, lo de siempre Anne. Que va a ser lo que me indigna, sabes que no soy masoquista. A este universo frío y cruel y a todas las sombras que acechan no les regalare jamás un pestañeo de sufrimiento, no tendrá el una lagrima pública, ni dedicare canciones de autocompasión ni de amor. Yo siempre ire con la cabeza lo mas alta que me permitan las circunstancias. No por orgullo, si no por dignidad y desde el momento en el que algo atente contra ella, mas tarde o mas temprano me acabare dando la vuelta, me acabare yendo.

Basile, no es la primera vez que me hablas de finales, te estas volviendo un aficionado adicto a creer que es decir punto y final y todo se va y ya vez, no es asi.

Creo en las personas, en la buena educación, pero sobre todo Anne creo en una cosa el terrible y profundísimo odio que pueden destilar mis dos ojos cuando ven algo de soberbia, aunque nunca fuese capaz de poner los puntos finales, mis ojos indicaran los momentos en los que todo se halla acabado.

lunes, 10 de marzo de 2014

Tres minutos


Lo que tu llamas amor es vanidad.
Estoy en tu portal planeando una atrocidad
Solo parte de esta furia es de origen hormonal
Esto es amor, propiedad
````               , necesidad
Nadie viene y nadie, el instinto criminal.

lunes, 3 de marzo de 2014

La vie en rouge.

Es una crueldad y un acto de terrible inmadurez ir dejando cadaveres emocionales a tu paso, para luego usarlos como condones usados.

Las cosas se solucionan y si no se solucionan se olvidan, esa es la base de cualquier fidelidad empezando por la propia, el no tener fidelidades pasadas y rotas para posiblemente consolarte cuando posiblemente estes mal. La vida es un precipicio gigantesco y oscuro, en el que tienes que tomar decisiones que son a todo o a nada. El valor de las decisiones esta en eso de hecho, en ir a todo o a nada. Si vas enrrollando 5 cuerdas alrededor del cuello de 5 personas para cada vez que algo va mal salir por patas nunca se irá a ninguna parte.

Yo soy responsable de lo que hago y de las personas a las que quiero, soy responsable voluntario, y por eso siempre tendré mucho cuidado con los que elija. Después de haber hecho daño injustamente a alguien que quiero me siento mal y no entiendo que alguien pueda enorgullecerse de hacer daño, hasta en el momento de hacerlo esta tan claro que lo que estas haciendo esta mal que no te enorgulleces, solo es una exlosión que por estupidez solo puede llevar al arrepentimiento.

Yo tiendo a explotar porque no suelo reaccionar instantaneamente a los daños, pero entiendo que tengo que aprender a guardar a quienes quiero de mis explosiones y reventar y abrasar a los cabrones y cabronas que se merezcan mi desprecio. La vida en rojo es una matanza continua y sin sentido, y eso no es lo que quiero, quiero matar al que se lo merezca y a quien no, salvarlo.

domingo, 23 de febrero de 2014

La arcilla de las pesadillas que construyeron un hogar.

Ahora acostado en la oscuridad que me regalan las persianas, ocultando el sol con el dedo. Sobreviviendo al día después, empiezo a entender que crecí, que ya no tengo miedo a nada, y eso me aterra. Yo no quería crecer simplemente pasó, como pasan los trenes por encima de los raíles, inconscientemente.

Y ahora me acuerdo del mi infancia de ir por las mañanas a acostarme en el lado de la cama de mis padres con las sabanas sobrantes o ir por las noches de los fines de semana a acostarme debajo de la mesa del ordenador cuando era pequeño, llenándolo todo de mantas, mientras mi padre estaba en el ordenador, improvisar mi rincón, mi hogar, verle jugar.

Recuerdo cuales son mis pesadillas predilectas de la infancia, las conozco tan bien... se lo que significan. El tiburon del titanic, el zorro de triana, la sensación de estar encerrado en un juego macabro en el que todos son nadie y yo les hablo esperando respuestas. Mientras, me persiguen, siempre había algo terrible que me perseguía de lo que no podía escapar hasta que me levantaba entre sudores fríos.

Ahora se que esas sombras no existen y que las vencí cuando tuve que crecer. Pero eso me da aun mas miedo, necesito mis miedos para reconocerme y yo ya no siento nada. Necesito algo de magia en el espejo, necesito cuidar mi mundo.

Seré un triunfador, y tardaré en lograrlo, lo se, pero cuando lo logre cuidare a mi universo con todo el amor y la ternura con la que coloreo mis recuerdos. Soy y seré un lider, porque no tengo miedo a nada, no uno vanidoso ni uno especialmente intelectual. Seré el lider emocional, el lunático, una columna en la vida de todos los que quieran mi sombra. Se que todo se puede solucionar, lo se porque ya lo hago posible, se que siempre hay alternativas si sabes encontrarlas, se a quienes elegir para lograrlo, para construir mi hogar y la esquina de mantas que un día protegía mi padre.

El futuro siempre es menos negro cuando tienes a gente a la que cuidar, con la que ser feliz.

jueves, 13 de febrero de 2014

Solo soñaba con desaparecer.



Recorrí sin parar cuatro horas gasta el mar.
Recordé el lugar, la roca donde iba a jugar
con mi hermano cada tarde
Yo era siempre la cobarde y el
desendia hasta la cueva,
me contaba como era y yo...
Solo soñaba con desaparecer
Ser alguien distinto, nada que esconder,

no tener tanta prisa por crecer.
Años de atrocidad nos dejaron sin educar,
Jorge y yo la oscuridad planeando como escapar,
hoy descubro que la cueva
es muy pequeña y nunca pudo ser,
escondite tan seguro

como Jorge me hizo creer.
Solo soñaba con desaparecer
ser alguien distinto nada que esconder,
no tener tanta prisa por crecer.

Hoy le veo en la corniza
cada peca brillando en su piel
sonriente y sin camisa
no conozco a nadie como el.
Solo soñaba con desaparecer
ser alguien distinto nada que esconder
no tener tanta prisa por crecer.
tanta prisa
tanta prisa

La gota se quemó y el fuego lo incendio todo.

Fue un incendio fatal el que quemó su corazón. Lo hizo piedra y luego se quebró. Se tiro al suelo para cojerlo al vuelo, pero no lo salvó. Esas piedras en el suelo, esa lagrima en la arena, esa luna moribunda que ya no se acuesta con cualquiera. Los ecos del país de nunca jamás resuenan terribles en el mundo real. Hasta ese mundo se consume ya, después de mil palizas el mundo te va a obligar a crecer. Lo que surgirá de la tormenta no sera lo que entró, uno tenía un sueño, el otro ya no. Yo quisiera creer que fui bueno, que hice algo bien. Yo, quisiera creer en tantas cosas, pero yo no creo.

Yo no creo en que amar sirva de nada, no creo que el mundo es considerado con todas las lagrimas acumuladas, no creo que vaya a haber un buen final. No lo creo, a veces no lo quiero. Mi garganta se atraganta tanto, tanto, tanto y mis ojos se inundan de todo. Los teatros parecen tan maravillosos, todos interpretando que son otros, pero yo nunca puedo jugar a hacer teatro, yo siempre soy yo. Yo siempre soy yo, no puedo escapar de las putas lagrimas, de la oscuridad de mis ojos, de todo y lo único que amo.

A la mierda, seré el sonabulo del que fuí, a la mierda joder, joder para que coño sirve querer, para que coño sirve sentir, para que sirve pensar o que para sirve escribir, si yo solo me quiero morir.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Otra estupidez mas.

Hay que entender cuando algo no funciona. Las razones acaban dejando de importar, solo solo son palabras huecas y vacías. Al final todo es un poco eso ¿no? palabras y palabras acumuladas. que te deberían decir algo pero que no sirven de nada.

Quiza hubiera sido el hombre mas feliz y completo del universo si hubiera sido posible, pero no lo creo. Es mas seguro que hubiera sido mas infeliz de lo que mis eternos sueños pintaron.

Después de todo hay mucho mas dolor tristeza e infelicidad en mi memoria sobre ella. Su ausencia colorea nuestra relación, es una relación ausente terriblemente, algo en lo que nunca pude confiar. Todos mis sentimientos, todo y todos se iran y cambiaran y bueno, las cosas que no funcionan se tienen que quebrar. De sopeton o lentamente, comprobando hasta que punto puede resistir su elasticidad.

 Pero la echo tanto de menos, nunca sere infeliz menos cuando piense en ella y entonces todo me duele tanto el mundo es tan asqueroso entonces para que sivre existir si nada importa, si no estas aquí.

Me retuerzo entre una apatía gigantesca esperando que me salve y un dolor infinito. Cada vez me veo mas limitado, mas condenado a mi mismo y nada funciona aunque no funcionemos, sin ti no funciono como contigo, contigo no funciono como sin ti. Yo deje de existir y me escurro entre los meses días años del calendario, me quiero morir.

jueves, 16 de enero de 2014

Matar muriendo


No sé cómo será cuando no disparas 
Un impacto brutal como si nada

No sé dónde mirar cuando vas de cara 
Un intento fatal es una cagada 

Cuánto tiempo va a llevarnos 
Reponernos de los golpes 
Y seguir disimulando que aún no me conoces 

Y afuera en la ciudad 
Sigue lloviendo 
No vuelvas a llamar 
Como a un incendio 


No sé cómo será cuando no haya ranas 
Un invierno fatal viene de cara 
Cada vez que me lo pide el cuerpo 

Cada vez estás más rara 

Cuánto tiempo va a llevarnos 
Reponernos de los golpes 
Y seguir disimulando que aún no me conoces 

Y afuera en la ciudad 
Sigue lloviendo 
No vuelvas a llamar 
Como a un incendio 
Vamos a matar muriendo 

Vamos a seguir durmiendo

lunes, 13 de enero de 2014

La a del abecedario de Ben y Juan.

Y encontró un primer beso, y encontró a un primer hueso, y encontró al primer amor de su vida, y encontró una certeza que la belleza opresora encarcela y cela, y encontró su primera almohada vacía y por lo tanto volvió con el primer amor de su vida, y encontró un par de teatros, menos flaco y menos menos flaco. Busco a uno intelectual y encontró a un visceral de su lado, y al segundo visceral también lo encontró acostado y encontró algo de excentricidad perpetua. Y todo lo que encontró era una respuesta a alguien que dejo de ser el.

Y yo segui yendo a esa torre entre clase y clase, esperando verte viéndome ahí, ya que habías dejado de existir. No quedabas ni tu ni el vértigo. En esa torre solo te encontré en lo que quedaba de mi, y me reconocí pese a lo que había cambiado y cuando baje decidí que todo debía ser olvidado. Fueron varias las veces que subí, mientras la loca de los labios pintados de rojo carmesí se iba con todas las sombras de abajo bajo mis ojos. ¿Que razón me trajo? si no hay atajos para volver a verte bajo mi, yo, no bajo. No seré el pobre violinista que se contento con tocar el bajo y con todo mi amor me cago en la buenísima madre que te trajo y rajo las vestimentas de la torre. No te miento, no me mientas, que yo era el dragón encerrado en la torre de cenicienta. Las llamas asolaron el lugar y cuando baje mi indiferencia con el mundo era total.

Que no hay mal que bien no venga, mi bien y mi mal se fueron, ahora soy Ben. A veces oigo a las voces decir.`` Ven, ven, ven, Ben, ven``. Ben va a todos lados, hasta a los rincones mas odiados menos a los sitios olvidados que le pertenecen a Juan, Ben aparecio cuando Juan se fue, y los que ven a Ben ingenuamente creen que ya no hay un Juan esperando en el anden mirando, desgastado, consumido por Ben, el que fuma e incita a que fumen. El que aconseja, no duden, follen, bebo, beban. No penseis, Ben ausente bebe absenta y se abstiene de opinar. Pero a veces en las noches de luna llena Juan y Ben se juntan para compartir un cigarro en soledad, un par de lagrimas por  todas las putas estrellas fugaces que pasaron, por la oscuridad de la noche y la obscuridad de ellos mismos reflejados en el abismo.

La luz y la oscuridad se miran de soslayo y se reconocen bañados por la luz plateada derivada del arrogante sol y la oscura eternidad. Se dan la mano, complices. Llega la gente, llaman a Ben, antes de partir se sonríen, Ben se va, Juan se queda como siempre. Ben es todo el mundo Juan es su soledad.

Terriblemente cruel.



Y lo intento y tú nunca recibes la señal 

Voy guardando bajo mi reputación 
Me salió muy caro perdonártelo 
Mentiré porque tú me lo piedes, de verdad 
Aunque te sepa mal

Se me está secando la imaginación 
Me pase de largo, puse corazón 
Seguiré mientras tú te decides a arrancar 

En las horas muertas contra el paredón 
Me rozo un disparo de insatisfacción 
Al final te lo hiciste de cine 
Pero duele igual... eso es universal 

Sabes que yo puedo ser terriblemente cruel 
Para que no pierda la tensión 
Tal vez la historia se me fue de las manos 

Voy a ser terriblemente fiel 
Cuando se te pase la emoción 
Ya sé, te puede parecer complicado

martes, 24 de diciembre de 2013

El nombre del viento

Extracto 1

Esa noche, estaba tocando el laúd en Anker's cuando vi a una hermosa muchacha sentada ante una de las abarrotadas mesas del fondo. Se parecía mucho a Denna, pero yo sabía que eso no era más que una fantasía mía. Tenía tantas ganas de verla que llevaba días creyendo hacerlo.

Volvía mirar y...

Era Denna. Estaba coreando «Las hijas del arriero» con la mitad de los clientes de Anker's. Vio que la estaba mirando y me saludó con la mano.

Su aparición me pilló tan por sorpresa que me olvidé por completo de lo que estaban haciendo mis dedos y la canción se vino abajo. Todos rieron, y yo hice una solemne reverencia para disimular mi bochorno. El público me aplaudió y me abucheó a partes iguales durante cerca de un minuto, disfrutando de mi fracaso más de lo que había disfrutado de la canción en sí. Así somos los humanos.

Esperé a que el público dejara de prestarme atención y me dirigí, con aire despreocupado, a donde estaba sentada Denna.

Ella se levantó para saludarme.

—Me enteré de que tocabas en esta orilla del río —dijo—. Pero no sé cómo conservas el empleo si te vienes abajo cada vez que una chica te guiña el ojo.

Me ruboricé un poco.

—No me pasa muy a menudo.

—¿Que te guiñen el ojo o que te vengas abajo?

No se me ocurrió qué contestar, y noté que me ponía aún más rojo. Denna rió yme preguntó:

—¿Cuánto rato vas a tocar esta noche?

—No mucho —mentí. Le debía como mínimo otra hora a Anker.

El rostro de Denna se iluminó.

—Estupendo. Ven a buscarme después. Necesito a alguien con quien pasear.

Sin poder creer la suerte que había tenido, hice una reverencia.

—Como tú digas. Déjame terminar. —Fui a la barra, donde Anker y dos camareras se afanaban sirviendo bebidas.

Como Anker no me veía, lo agarré por el delantal cuando pasó a mi lado. Se paró en seco y estuvo a punto de derramar una bandeja de bebidas sobre la mesa de unos clientes.

—Por los dientes de Dios, chico. ¿Qué te pasa?

—Tengo que marcharme, Anker. Esta noche no puedo quedarme hasta la hora del cierre.

Anker puso mala cara.

—No todos los días tenemos tanta gente. Y no van a quedarse si no les cantan algo para entretenerlos.

—Tocaré una canción más. Una larga. Pero luego tengo que irme. —Lo miré con cara de desesperación—. Te juro que te compensaré.

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En mi habitación. —Moviéndome con agilidad, trepé por la pared de la taberna: pie derecho en el barril de agua de lluvia, pie izquierdo en el alféizar de la ventana, mano izquierda en el bajante de hierro... y llegué al borde del tejado del primer piso. Salté al otro lado del callejón, hasta el tejado de la panadería, y sonreí cuando Denna dio un grito ahogado. Di unos pasos y volví a saltar el callejón hasta el tejado del segundo piso de Anker's. Hice saltar el cierre de mi ventana, entré por ella y dejé el laúd encima de la cama; luego volví sobre mis pasos.

—¿Te cobra Anker un penique cada vez que subes por la escalera? —me preguntó Denna cuando ya me acercaba al suelo.

Salté del barril de agua y me limpié las manos en los pantalones.

—Entro y salgo a horas intempestivas —expliqué con naturalidad cuando llegué a su lado—. Bueno, a ver si lo he entendido bien. ¿Buscas a un caballero para que te lleve a pasear esta noche?

Denna compuso una sonrisa y me miró de soslayo.

—Sí, más o menos.

—Qué mala suerte —dije con un suspiro—. Porque yo no soy ningún caballero.

La sonrisa de Denna se ensanchó.

—Pues a mí sí me lo pareces.

—Me gustaría parecerlo más.

—Pues llévame a pasear.

—Eso me complacería enormemente. Sin embargo... —Reduje un poco el paso  más seria—. ¿Qué pasa con Sovoy?

—¿Ha reivindicado sus derechos sobre mí? —dijo ella borrando la sonrisa de sus labios.

—No, no es eso. Pero existen ciertos protocolos con relación a...

—¿Un acuerdo de caballeros? —preguntó ella con mordacidad.

—Más bien honor entre ladrones.

Denna me miró a los ojos.

—Kvothe —dijo, muy seria—, róbame. Hice una reverencia y un amplio ademán con el brazo.

—A sus órdenes. —Seguimos caminando; había luna, y su resplandor daba una apariciencia pálida y descolorida a las casas y las tiendas—. Por cierto, ¿cómo está Sovoy? Llevo días sin verlo.
Denna hizo un ademán para indicar que no quería pensar en él.

—Yo también. Y no será porque él no lo haya intentado. Me animé un poco.

—¿En serio? Denna puso los ojos en blanco.

—¡Rosas! Todos los hombres sacáis vuestro romanticismo del mismo libro trillado. Las flores son bonitas; no niego que sean un buen obsequio para una dama. Pero es que siempre regaláis rosas, siempre rojas, y siempre perfectas. De invernadero, si podéis conseguirlas. —Se volvió y me miró—. ¿Tú piensas en rosas cuando me ves?
La prudencia me hizo sonreír y negar con la cabeza.

—A ver, si no son rosas, ¿qué ves cuando me miras?
Estaba atrapado. La miré de arriba abajo una vez, como si intentara decidirme.

—Bueno... —dije—, no deberías ser tan dura con los hombres. Verás, escoger una flor que le vaya bien a una chica no es tan fácil como parece. Denna me escuchaba atentamente.

—El problema es que cuando le regalas flores a una chica, tu elección puede interpretarse de diferentes maneras. Un hombre podría regalarte una rosa porque te considera hermosa, o porque le gustan su color, su forma o su suavidad, que le recuerdan a tus labios. Las rosas son caras; al elegirlas, quizá quiera demostrarte que eres valiosa para él.

—Has defendido bien a las rosas —dijo Denna—. Pero resulta que a mí no me gustan. Elige otra flor que me pegue.

—Pero ¿qué pega y qué no pega? Cuando un hombre te regala una rosa, lo que tú ves quizá no sea lo que él pretende hacerte ver. Tal vez te imaginas que te ve como algo delicado y frágil. Quizá no te guste un pretendiente que te considera muy dulce y nada más. Quizá el tallo tenga espinas, y deduzcas que él piensa que podrías rechazar una mano demasiado rápida. Pero si corta las espinas, quizá pienses que no le gustan las mujeres que saben defenderse ellas solas. Las cosas pueden interpretarse de muchas formas —concluí

—. ¿Qué debe hacer un hombre prudente?
Denna me miró de reojo.

—Si ese hombre fueras tú, supongo que tejería palabras inteligentes y confiaría en que la pregunta quedara olvidada. —Ladeó la cabeza—. Pero no va a quedar olvidada. ¿Qué flor escogerías para mí?

—Está bien, déjame pensar. —Me volví y la miré; luego miré hacia otro lado—. Vamos a hacer una lista. Quizá diente de león: es radiante, y tú eres radiante. Pero el diente de león es una flor muy corriente, y tú no eres una persona corriente. De las rosas ya hemos hablado, y las hemos descartado. ¿Belladona? No. ¿Ortiga? Quizá...
Denna hizo como si se enfadara y me sacó la lengua.
Me di unos golpecitos en los labios, fingiendo cavilar.

—Tienes razón, solo te pega por la lengua.
Dio un resoplido y se cruzó de brazos.

—¡Avena loca! —exclamé, y Denna soltó una carcajada—. Es salvaje, y eso encaja contigo, pero es una flor pequeña y tímida. Por esa y por otras... —carraspeé— razones más obvias, creo que descartaremos también la avena loca.

—Una lástima —dijo Denna.

—La margarita también es bonita —proseguí sin dejar que Denna me distrajera—. Alta y esbelta, y crece en los márgenes de los caminos. Una flor sencilla, no demasiado delicada. La margarita es independiente. Creo que te pega... Pero continuemos. ¿Lirio? Demasiado llamativo. Cardo: demasiado distante. Violeta: demasiado escueta. ¿Trilio? Hmmm, podría ser. Una flor bonita. No se deja cultivar. La textura de los pétalos... —realicé el movimiento más atrevido de mi corta vida y le acaricié suavemente el cuello con dos dedos— es lo bastante suave para estar a la altura de tu piel. Casi. Pero crece demasiado a ras del suelo.

—Has compuesto todo un ramillete —dijo ella con dulzura. Inconscientemente, se llevó una mano al cuello, al sitio donde yo la había tocado; la dejó allí un instante y luego la dejó caer.
¿Buena o mala señal? ¿Estaba borrando mi roce o reteniéndolo? La incertidumbre se apoderó de mí y decidí no correr más riesgos. Me paré y dije:

—Flor de selas.
Denna se paró también y se volvió para mirarme.

—¿Tanto pensar y eliges una flor que no conozco? ¿Qué es una flor de selas? ¿Por qué?

—Es una planta trepadora, fuerte, que da flores de color rojo intenso. Las hojas son oscuras y delicadas. Crecen mejor en sitios umbríos, pero la flor capta los pocos rayos de sol para abrirse. —La miré—. Te pega. En ti también hay sombras y luz. La selas crece en los bosques, y no se ven muchas, porque solo la gente muy hábil sabe cuidarla sin hacerle daño. Tiene una fragancia maravillosa. Muchos la buscan, pero cuesta encontrarla. —Hice una pausa y escudriñé el rostro de Denna—. Sí. Ya que estoy obligado a elegir, elijo la selas.
Denna me miró; luego apartó la vista.

—Me sobrevaloras.
Sonreí.

—¿No será que tú te infravaloras?
Denna atrapó un trozo de mi sonrisa y me lo devolvió, destellante.

—Te has acercado más antes. Margaritas: dulces y sencillas. Las margaritas son la clave para conquistar mi corazón.

—Lo recordaré. —Seguimos andando—. Y a mí, ¿qué flor me regalarías? —le pregunté con la intención de pillarla desprevenida.

—Una flor de sauce —contestó ella sin vacilar ni un segundo.
Cavilé un buen rato.
¿Los sauces dan flores?
Denna miró hacia arriba y hacia un lado, pensando.

—Me parece que no.

—Entonces, es un regalo muy raro —dije riendo—. ¿Por qué una flor de sauce?

—Porque me recuerdas a un sauce —respondió ella con naturalidad—. Fuerte, bien enraizado y oculto. Te mueves con facilidad cuando llega la tormenta, pero nunca vas más lejos de donde quieres llegar.
Levanté ambas manos, como si rechazara un golpe.

—No me digas palabras tan dulces —protesté—. Lo que quieres es que ceda a tu voluntad, pero no lo conseguirás. ¡Tus halagos no son para mí más que viento!
Denna se quedó mirándome, como si quisiera asegurarse de que había terminado mi diatriba.

—De entre todos los árboles —dijo esbozando una sonrisa con sus elegantes labios—, el sauce es el que más se mueve según los deseos del viento.

La posición de las estrellas me indicaba que habían pasado cinco horas. Pero parecía que no hubiera transcurrido el tiempo cuando llegamos al Remo de Roble, la posada de Imre donde se alojaba Denna. En la puerta hubo un momento que duró una hora, durante el cual me planteé besarla. Había estado tentado de hacerlo una docena de veces en el camino, mientras hablábamos: cuando nos detuvimos en el Puente de Piedra para contemplar el río, iluminado por la luna; bajo un tilo de uno de los parques de Imre...

En esos momentos había sentido que surgía una tensión entre nosotros, algo casi tangible. Denna esbozaba su misteriosa sonrisa y me miraba sin mirarme, con la cabeza ligeramente ladeada; y me rondaba la sospecha de que debía de estar esperando que yo hiciera... algo. ¿Rodearla con el brazo? ¿Besarla? ¿Cómo iba a saberlo? ¿Cómo podía estar seguro?

No podía. Así que resistí la atracción. No quería dar demasiado por hecho; no quería ofenderla ni ponerme en ridículo. Es más, la advertencia de Deoch me había hecho dudar. Quizá lo que yo sentía no fuera más que el encanto natural de Denna, su carisma.

Como todos los chicos de mi edad, yo era un idiota en materia de mujeres. Lo que me diferenciaba de los demás era que yo era dolorosamente consciente de mi ignorancia, mientras que otros, como Simmon, iban dando tumbos, poniéndose en ridículo con su inexperto galanteo. Me atormentaba pensar que Denna pudiera reírse de mi torpeza si le hacía una insinuación inoportuna. No hay nada que odie más que hacer las cosas mal.

Así que me despedí y la vi entrar por la puerta lateral del Remo de Roble. Respiré hondo y tuve que controlarme para no reír a carcajadas ni ponerme a bailar. Estaba impregnado de ella, del olor del viento en su cabello, del sonido de su voz, de las sombras que la luz de la luna dibujaba en su cara.

Entonces, poco a poco, fui bajando a la tierra. No había dado ni seis pasos cuando me desinflé como una vela cuando deja de soplar el viento. Mientras recorría las calles de la ciudad, pasando por delante de casas dormidas y oscuras posadas, mi estado de ánimo pasó de la euforia a la duda en lo que se tarda en respirar tres veces.
Lo había estropeado todo. Todo lo que había dicho, y que en su momento me había parecido tan inteligente, era en realidad lo peor y lo más delirante que se podía decir. Denna ya estaba en su habitación, respirando de alivio por haberse librado, por fin, de mí. Pero me había sonreído. Se había reído.
Denna no había recordado nuestro primer encuentro en el camino de Tarbean. Eso significaba que no había dejado ninguna huella en ella.
«Róbame», me había dicho.
Debí ser más atrevido y besarla. Debí ser más prudente. Había hablado en exceso. No había dicho lo suficiente.


Extracto 2

Porque siempre que Denna me veía se encendía una luz en su interior. Se levantaba de un brinco corría hacia mi y me agarraba por el brazo. Entonces, sonriente, me llevaba a su mesa y me presentaba a su último acompañante.

   Acabe por conocerlos a casi todos. Ninguno era lo bastante bueno para ella, asi que yo los despreciaba y los odiaba. Ellos, a su vez, me odiaban y me temían.
   Pero eramos cordiales y educados, era una especie de juego. El tipo me invitaba a sentarme, y yo le invitaba a una copa. Nos poníamos a hablar los tres, y los ojos de el iban oscureciéndose poco a poco al ver que Denna me sonreía. Su boca se estrechaba cuando oía la risa que brotaba de ella cuando yo bromeaba, contaba historias, cantaba...

    Todos esos tipos reaccionaban igual, tratando de demostrar mediante pequeños gestos que Denna les pertenecía: le cogían la mano, le deban un beso, le acariciaban distraidamente un hombro.

   Se aferraban a ella con denuedo. A algunos sencillamente les molestaba mi presencia, porque me consideraban un rival. Pero otros tenían un miedo y certeza soterrados en la miradas desde el principio. Sabían que Denna se marcharía, y no sabían porque. De modo que se aferraban a ella como marineros naufragos que se agarran a las rocas pese a que las olas se estrellen con ellas.
 Casi sentía lastima por ellos, casi.

Asi que ellos me odiaban y ese odio brillaba en sus ojos cuando Denna no miraba. Yo me ofrecía para pagar otra ronda pero ellos insistían, y yo aceptaba con elegancia y les daba las gracias y sonreía.

``Yo la conozco desde hace mas tiempo`` decía mi sonrisa.``si, tu has estado entre sus brazos, has probado el sabor de su boca, has sentido su calor, y eso es algo que yo nunca he tenido`` Pero hay una parte de ella que es solo para mi. Tu no puedes tocarla, y cuando te deje, yo seguire estando aquí, haciéndola reir. Y mi luz brillara en ella, Yo seguire estando aquí mucho después de que haya olvidado tu nombre.

Eran muchos. Denna los atravesaba como atraviesa una pluma el papel mojado. Los dejaba, decepcionada.

La vi llorar una o dos veces. Pero no por los hombres que había perdido, ni por los hombres a los que había abandonado.

Lloraba en silencio, por ella misma, porque había algo profundamente herido en su interior. Yo ignoraba que era, ni me atrevía a preguntárselo. Me limitaba a decir lo que podía para calmar su dolor y le ayudaba a cerrar los ojos para rehuir la realidad.

A veces hablaba de Denna con Wilem y Simmon. Como eran verdaderos amigos ellos me daban consejos sensatos y me ofrecían su comprensión, mas o menos a partes iguales. La comprensión la agradecía, pero sus consejos eran inútiles, o algo peor. Me empujaban hacia la verdad, me instaban a abrirle mi corazón a Denna. A perseguirla. A escribirle poemas, a enviarle rosas.

Rosas, ellos no la conocían. Pese a que yo los odiaba, los amigos de Denna me enseñaron una lección que, de otra forma, quizá nunca hubiera aprendido.

Lo que no entiendes. Le explique a Simmon una tarde que estábamos sentados en el poste del banderín es que los hombres se enamoran continuamente de Denna ¿te imaginas lo que eso supone para ella? ¿lo tedioso que resulta?  Yo soy uno de los pocos amigos que tiene. No quiero arriesgarme a perder eso. No voy a convertirme en uno mas de los cientos de pretendientes de mirada lánguida que se pasan el día persiguiéndola como un borrego enamorado.

Mira no entiendo que ves en ella- dijo Sim escogiendo sus palabras con cuidado. Ya se que es encantadora, fascinante y demás, pero parece... vacilo un momento-cruel.

Asentí

Es que lo es.

Pero ¿como? no vas a defenderla?


No. Cruel es un buen calificativo para Denna. Pero creo que cuando dices cruel, tu quieres decir otra cosa. Denna no es mala, ni retorcida, ni rencorosa. Es cruel.

martes, 17 de diciembre de 2013

domingo, 15 de diciembre de 2013

Documental de las mosquitas.

Lo mejor que puedes hacer con las mosquitas (que son al fin y al cabo las que te chupan la sangre y no los mosquitos que no sirven para nada) es aplastarlas con la impasibilidad de quien es mejor. Una mosquita no te va a dar un beso de amor jamás, solo te picara y te picara. Luego se ira a picar a otros y en su vanidad creera haber conseguido aprender algo por haberle chupado la sangre a muchas personas. Es una perdida de tiempo tratar con mosquitas, lo se por experiencia, tienen conversaciones monotemáticas en las que siempre suena el mismo  bzzz bzzz, y a veces en un culmen de la extravagancia y la originalidad llegan a hablar de ponis y mosquicornios.

Esperar que una mosquita te muestre algún tipo de consideración mas allá de la que siente por si misma y sus ganas de chupar sangres es como... esperar que un tigre te de lametazos. Ellas, es decir, las mosquitas solo saben picar sin las consideraciones morales típicas de los idiotas. Van dejando picotazos y picores en el fondo de los corazones de los tontos obsesionados con ver amores en cualquier picor. Es injusto esperar de ellas otra cosa, son mosquistas.

De las personas, puedo concluir que sus ansias de ver amores por todos sitios es lo que mas les traiciona. Estan tan ansiosos de verlos que si no lo encuentran se lo inventan, y se creen enamorar tantas veces y tan rápido que me produce una especie de ternura y tristeza. Están todos tan sólitos y necesitados. Sin embargo a la misma vez me produce cierta repugnancia la incapacidad de las personas de estar solos y conocerse a si mismos y por lo tanto de amar, porque todo amor empieza por el propio. Hablando de amores, los amores ya no se cultivan, no son como el precioso trigo de los grandes campos, sino mas como las manzanas, estaba ahí y me enamore, la coji me la comí, es decir me la follé y caí loquito o loquita de amorRR, amores y polvos tan fugaces, insípidos totalmente.

A las mosquitas esta necesidad de amor de las personas les viene de lujo, pobres tontitos y tontitas ingenuos/as. Ellas lo que quieren es picar e inchar su ego, luego se van y se creen tan poderosas, como si hubieran realizado alguna proeza trascendental de esas que cuentan los libros de historia.

Además a las mosquitas no les gusta estar solas en eso se parecen a las personas. Asi que si alguna vez te topas con una mosquita, mírala con la tierna mirada de quien ve una esencia inferior, tan atada a sus pobres instintos primarios, acariciala un poquito si quieres, dale un beso y que se largue y que no vuelva. No seas tonto, no sientas nada porque ellas no tienen sentimientos.